20/8/12

El Asesinato de Sandra Colo

El Crimen de Sandra Colo abre una nueva discusión sobre el compromiso de los Juninenses a la hora de reclamar.

Escribe: Gustavo Romans (*)

¿VIRTUALES O REALES?

Hace 30 años, en Baigorrita, en plena rebelde pubertad (cargada de utopías y vino barato de algún boliche), cada vez que bebíamos de más se nos daba por alguna dote artística, quizá escapando de los infiernos tan grandes que son para los jóvenes los pequeños pueblos conservadores. Cuando llegaba el turno de un ex amigo, siempre recitaba lo mismo: “Pueblo Blanco” de Serrat. Primero nos reíamos, porque siempre lo elegía. Pero de tanto hacerlo, nos quedó grabada esa hermosa denuncia del Nano.

El poema ha estado visitando mi cabeza con frecuencia en estos días, donde se habla de la falta de participación e indiferencia de los juninenses a la hora de reclamar o indignarse. “Colgado de un barranco duerme mi pueblo blanco” arranca, y creo que Junín se tomó una tonelada de clonazepam y no se despierta.
“El sacristán ha visto hacerse viejo al cura. El cura ha visto al cabo y el cabo al sacristán.” Arremete el poema más adelante y se me hace que con esa resignación el juninense agacha la cabeza frente a cosas que en otros lugares serían un escándalo. Es como que nadie cuestiona nada. A lo sumo, como dice Serrat en otra parte, “Las comadres murmuran su historia en el umbral”. Una profunda poesía que sirve para reflexionar sobre dónde y cómo vivimos.

¿Participación virtual o real?
Existe la convicción (en tiempos de comunicación tangencial) que publicando alguna cosita en el muro de Facebook ya se está participando. Paradójicamente, estas nuevas tecnologías tan usadas por las personas en el mundo para comunicarse, sirven para incomunicar o desmovilizar. Cualquiera puede poner en su muro que el carnicero es mal tipo. Está bien que lo compartas en Facebook, pero lo bueno sería que, además, dejes de ir a la carnicería.
La participación virtual se limita a poner ME GUSTA, o a COMPARTIR. Esta el “creativo” que pone alguna frase hecha, o el que discute con otro o propone algo. Claro, ¿quién no va a estar de acuerdo en pedir justicia para una mujer asesinada, no importa la causa, en una ciudad donde van siete muertes en siete meses? Todos comparten y se indignan! Algunos imaginan hipótesis, otros piden la cabeza de los dirigentes y se leen cosas tan variopintas que parece increíble que el cerebro sea usado de tan disímil manera por cada ser humano en particular.
El tema es cuando hay que salir de lo virtual y encarar lo real. Cuando hay que poner la carita y sostener con el cuero lo que se dice con la lengua (con el teclado de la compu, en este caso). Esto de escribir o compartir cositas desde la comodidad de tu casa, en pantuflas, trasnochando un rato, viendo “que onda”, y de paso indignándose con alguna tontería. Cuando hay que poner el cuerpo... se acaban los valientes, los comprometidos, los revolucionarios, los innovadores, los vanguardistas. Suelen aparecer los que confunden participación ciudadana con despolitización. Los que arremeten contra toda la clase política sin salvedad, siendo funcionales a los que odian la democracia. Los que creen que un militante político es siempre rentado.

En el mundo real es cuando hay que organizarse de verdad y tomar contacto y hablar cara a cara, mirarse con los otros y darse el gusto de opinar y coincidir o no con el otro. No es solo poner ME GUSTA. Allí es cuando de los miles y miles indignados solo quedan unos pocos y aparece la realidad. Porque a la hora de los bifes, al debate por el traslado de la Terminal en el Club Rivadavia apenas se acercaron 220 personas, en la sesión donde se aprobó la enajenación del predio sin explicar para que, había apenas 100 y la marcha para pedir justicia por Sandra Colo sólo aglutinó a 350 juninenses. Desesperante.
Tan desesperante como el solitario pedido de Justicia de la mamá de Daniela, de 9 años, electrocutada por un cable de la red de energía eléctrica. Sola caminaba por el medio de la calle, apoyada sobre el hombro de su pareja y unos tíos de la nena a los gritos pedían a los automovilistas que tocaran bocinazos. Sólo consiguieron que subieran los vidrios con la rapidez de los cobardes. O los familiares de Octavio Ponce que bien saben de desesperación. Pegaron afiches por la ciudad tratando de que se tomara conciencia y buscando acompañamiento en su reclamo de justicia. Tuvieron la misma suerte que quienes marcharon por Sandra. Una tragedia personal nos muestra la verdadera tragedia social: la ciudad que está linda y buena, no es solidaria.

 
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Avanzar un casillero, subir un nivel. Eso deberíamos pretender como sociedad en Junín. Ser un poco mejores personas. Comprometernos, pero de manera colectiva y poniendo la cara. Las redes sociales virtuales, son una gran herramienta y esta muy bien que nos intentemos comunicar, pero entendiendo que de tanto en tanto hay que juntarse para darse un abrazo y hacer sonrojar a los culpables, al menos, ya que no podemos cambiar el mundo. Pegar cartelitos pintorescos en los muros, pero salir a empapelar la ciudad frente a las narices de los que se arrogan nuestra representación y se sirven del estado. ¿Por justicia para Sandra?, si claro, y para todos. Indignarnos, reclamar, gritar, peticionar y exigir, es un derecho, pero además un síntoma de salud para un pueblo que tiene todo lo necesario para ser mejor y para poder torcer el final del poema de Serrat, trágico y nada recomendable para el futuro de los nuestros. Esa estrofa final que dice: “Pero los muertos están en cautiverio y no nos dejan salir del cementerio”

(*) Editor del Blog “El Parlante”
Sec. Adjunto. Socialismo Para La Victoria Juní