1/8/08

COBOS, EL HOMBRE QUE LUCHO UN DIA

Hay hombres que luchan un día y son buenos. Como el Vicepresidente Julio Cobos, ese hombrecito de traje prolijo y característico arrastre moderado de ocultamiento fonético cuyano. Pobre. Le tocó decidir entre ricos y pobres.La intrincada trama de intereses históricos de los sectores poderosos queda legitimada sin más análisis que el último acontecimiento. Ese republicanismo rubio de ojos celestes con apropiación de símbolos patrios y recitados de himno nacional o preámbulo queda bien legitimado en ese hombre de voz quebrada e insipiente sudor restregado ente manos y rostro que pidió que la historia lo juzgue y sin más decidió fallar a favor de los ricos.La historia no juzga. Los hombres lo hacen y a veces tardan décadas, y a veces nunca juzgan y a veces, solo a veces encuentran que es culpable. Julio Cobos no quedará en la historia. Pequeños párrafos son dedicados a los cobardes en la bibliografía seria.La inmediata historia mediática lo pondrá en púlpitos de bronce como coherente hombre de un republicanismo puro y limpio de la burguesía patricia y sin lugar para el olor a pobres. La inmediata historia mediática lo tendrá elevado cual si fuera la desembarcada vedette que acaricia el caño de brillos y luces con su desnudez por un pan más.La traición es uno de los comportamientos usuales en el ser humano. Tan usual que se puede prever y no sorprende. Ese hombre de ojos inseguros y voz medida es de los que a la hora donde la historia llama, no estará dispuesto a atender la puerta. La cobardía será siempre más fuerte.Los traidores también son funcionales. Siempre. Nadie consigue verdadera felicidad y amor si es un traidor cobarde. Porque la traición juega, aún en contra de las convicciones personales, esas que a algunas personas como Julio Cobos, su propia cobardía no lo dejará nunca mostrar.En la vereda de enfrente de los cobardes y los traidores siempre estuvieron y estamos los hombres y mujeres que no pertenecemos a esa burguesía patricia, ni a ese hermoso y rozagante republicanismo. Los que podemos conjugar el amor al pueblo con palabrotas, exabruptos y olor a guiso sin ningún problema. Porque al final los hombres y mujeres que quedan en la historia son esos que luchan toda la vida, esos que como dijo Bertolt Brecht “son imprescindibles”

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