30/4/12

Las "conversaciones entre Bello y Gabrielli

Hace unos años me contaron un chiste ocurrente acerca de un señor al que le dan a elegir entre el cielo y el infierno, para el día de su muerte, y le brindan la oportunidad de visitar ambos lugares un par de horas. En el cielo era todo muy aburrido, con algún angelito rezando suelto en alguna nube y uno que otro santo cumpliendo promesas o repartiendo penitencias. Por el contrario, al visitar el infierno pudo observar hermosas mujeres en paños menores prometiendo fiestas locas a bordo de unos cuatriciclos conducidos por pequeños diablitos. Al morir tomo la decisión de ir al infierno para entretenerse. Al llegar fue conducido a una hoguera donde lo atormentaban día y noche. Apenas pudo, preguntó por esas chicas en cuatriciclo con los diablitos que prometían interminables diversiones. Uno de sus compañeros de castigo le respondió con cierta sorna: Esos son los diablitos de marketing.

Algo así me pasó este fin de semana con el diario La Verdad. El sábado en la portada del matutino prometían: “Conversaciones con Javier Gabrielli”, como si se tratara de una charla entre Gabo Márquez y Galeano, o si prefiere el director del diario eclesiástico, Beatriz Sarlo y Vargas Llosa. Muy lejos de eso la “conversación” con Gabrielli resultó ser, poco informativa y bastante chata. Es decir nada de lo que dijo Gabrielli era desconocido, salvo el sin sabor del divorcio de su padres que entra en el plano de lo privado. En ese sentido, si se satisface cierto voyerismo juninense y el del entrevistador en particular. Pero más allá del pobre aporte periodístico de la charlita amigable entre el director del medio gráfico más influyente y el funcionario del municipio que, entre otras cosas decide pauta publicitaria, no hay un aporte ideológico a las alturas de estos nuevos tiempos que corren.

El diálogo, desmalezado de lo superficial, gira en torno a lo que va o no hacer Meoni en el ámbito de su carrera personal. No hay una sola mención, ni siquiera de manual, a qué tipo de políticas implementar para el bienestar común. Detalle que se le escapó a la hora del maquillaje, raro en los dos personajes protagonistas.

La idea de que la política es un salvoconducto para lograr el éxito personal y no una herramienta para que el pueblo logre cada vez mejor calidad de vida, es una colonización ideológica que padecen el director y el funcionario y ni siquiera se cuestionan combatirla. Es más, creo que se sienten a gusto en ese mundo distante de las personas comunes. Gabrielli es un militante de la causa de Mario Meoni, que en definitiva es un militante de su causa propia, algo que el director del diario, acostumbrado a “vender” productos lo digiere con naturalidad y confunde política con marketing una vez más.

Parecen los dos sentirse cómodos, aún cuando tengan pensamientos antagónicos en superficialidades, lo de fondo, lo que realmente interesa, para ellos dos nunca se verá amenazado por irrelevancias como la ideología, o un proyecto político determinado. Uno vende bien y otro necesita vender. En definitiva, ambos necesitan tiempo. No solo Gabrielli.

Podría, en dos horas, haber indagado, porque luego de 8 años y medio de gestión el Parque Industrial no está empadronado en el Registro Nacional de Parques Industriales, porque no funciona la planta depuradora, donde está la plata que el empresario que trajo al Indio Solari dijo que pagó. Que se yo. Alguito, como para cumplir con la gilada y que no se note tanto que es momento de darle una mano a Gabrielli, que aunque no lo pueda digerir, tendrá poder, al menos en los próximos tres años y medio y no hay que matarlo del todo. Es preferible hacerlo quedar como un “loco” de malos modales, que decir que es un personaje que le hace muy mal a los que creemos en ideas y no en hombres, o en todo caso hombrecitos.

Mientras tanto, debo reflexionar y no creerle tanto a los diablitos del marketing que viajan en cuatriciclos y propagandizan muy bien lo que luego es una porquería.