8/2/12

Moyano

Las diferencias que el actual líder de la CGT, Hugo Moyano, viene planteando al Gobierno Nacional, no serían para el espanto de nadie en cualquier país donde los representantes de los trabajadores no están directamente identificados con el partido de Gobierno. Pero acá, en Argentina, donde todo lo hacemos muy original, Moyano es (era) autoridad partidaria del PJ con altos cargos en Nación y Provincia de Buenos Aires y como tal tenía (tiene) legítimas pretensiones políticas. Pretensiones (reitero muy legítimas) de influir en las decisiones políticas del país. Como supongo tiene desde el primero hasta el último militante político a lo largo y a lo ancho de la amplia alameda variopinta de ideologías. Así debe ser y está muy bien. Genera desconfianza cualquier militante que no tenga voluntad de poder para realizar transformaciones.

Claro, que el líder sindical más importante de los últimos 15 años, estigmatizado por una sociedad muy injusta, sabe que es muy poco lo que logrará por la vía electoral y utiliza el importantísimo poder que brinda ser el número uno de los representantes de los trabajadores para poner alfiles de su costilla en las listas cada elección. En la última no le fue nada bien con la cantidad de lugares obtenidos y decidió que seguiría insistiendo con reclamos legítimos pero con otro tono de voz y con un poco más de distancia de la Presidenta. Hay que entender, que los lugares de poder son muy chicos, y cuando alguien decide correrse de al lado de alguno, automáticamente se pega con otro, porque están todos apretados y en ese apretuje parece que Cristina Fernandez no está dispuesta a estar. Así, cada vez que Hugo Moyano, o alguno de sus seguidores más cercanos decidieron tomar una distancia del proyecto político del Gobierno Nacional, terminaron cerquita de Barrionuevo, el Momo Venegas, Zanola o cualquiera de los tantos dirigentes sindicales tan criticados por la sociedad. O peor aún, el lunes pasado Moyano se sienta a opinar en el programa de TN de Joaquín Morales Solá, uno de los grandes impulsores de que el camionero fuera extraditado y preso en Suiza.

Nadie que sea un trabajador puede estar en desacuerdo con los reclamos que Moyano realiza. Suba del mínimo no imponible de ganancias, recomposición del salario familiar, una negociación paritaria que supere los 25 puntos de aumento y el tan comentado proyecto de reparto de utilidades. Lo que sí se puede presumir es que si las listas del FPV hubieran contenido un 30% de integrantes de extracción sindical referenciada en Moyano, esos reclamos podrían esperar. Puesto que el mínimo no imponible podría ser postergado un tiempo hasta que se pudiera plantear la Ley de Entidades Financieras y así no desfinanciar una recaudación del Estado, La ley del reparto de utilidades se dejaría en suspenso argumentando que sólo beneficiaría al 6% de los trabajadores registrados y el salario familiar se podría negociar dentro del paquete de paritarias con mayor flexibilidad. Ahora bien, viendo que la Presidenta (con buen criterio creo yo), no está dispuesta a compartir con nadie el poder político y la conducción que le otorgó el pueblo en octubre de 2011, Moyano ve retraso en sus planes de mayor poder (reitero legítimo) y se siente amenazado por el crecimiento del ala Kirchnerísta joven que parece ocupar las preferencias de CFK. Por eso reacciona de la manera que lo hace, con una receta conocida: La Presión.

Sucede que en la actualidad esa vieja receta de presionar para lograr objetivos concretos está acotada a muy pocos aliados creíbles, que acompañen una “movidita” contra un Gobierno Nacional que está fuerte, con buena imagen y con muy buen pronóstico por parte de la opinión pública. Mientras que Cristina Fernandez mantiene su alto nivel de aceptación, Moyano decrece, ya que ahora también corre el riesgo de ser estigmatizado por ciertos sectores del Peronismo que tienen una alianza estratégica con el Gobierno o simplemente porque están dentro del proyecto por convicción. De esta manera, los potenciales aliados de Moyano en un intento de disputa de poder serían los jugadores que menos representatividad social tienen y los medios hegemónicos, hasta ayer enemigos. Moyano no es tonto como para reunirse públicamente con Duhalde o Rodríguez Saá. Por su parte, jugadores como Massa, Bruera o algún Sciolista muy anti K, todavía no están dispuestos a dinamitar todos los puentes con el Kirchnerísmo.

Una de las salidas más probables de Moyano, sea el repliegue hacia negociaciones tranquilas de paritarias y un llamado a silencio a sus lanzadores de misiles. El viejo consejo del General “desensillar hasta que aclare” y ver como construye otra grieta que le permita mayor poder, pero con jugadores más creíbles. La otra opción es insistir en esta forma de reclamo y belicosidad contra el proyecto político que lidera Cristina y llegar a la ruptura (un blanqueo) con el ala progresista del Peronismo.

Ahora bien, no es Moyano un enemigo del Gobierno. Como decíamos al principio, por ahora, se planta con reclamos que el conjunto de los trabajadores considera justos. Más allá de analizar si el clan Moyano es a estas alturas una familia de trabajadores o multimillonarios. Y es pertinente recordar que Moyano no es un enemigo. Ciertos sectores de progres recién conversos, Kirchnerístas a las apuradas, seisieteocheros entusiastas y camperitas locas, empiezan a señalar a Moyano de una manera poco feliz tratándose de una etapa donde todavía no termina de consolidarse un pensamiento nacional de pantalones largos que abrace (y proteja) al modelo. Tal vez, esos sectores tan entusiastas (algunos dirigidos por verdaderos vivos mucho más peligrosos que Moyano), también deberían poner en práctica el consejito de Perón de “desensillar” evitando que alguna gota de sangre llegue al río para beneficiar únicamente a los sectores dominantes, una vez más.