19/6/10

ASCO

Por: Luis Gramuglia (*)

Dos episodios ocurridos esta semana me provocaron enorme indignación por los personajes involucrados.

En uno de ellos, el cardenal Jorge Bergoglio lanzó un documento titulado "Consenso para el Desarrollo" junto a algunos dirigentes opositores (Francisco de Narváez, Ernesto Sanz, Margarita Stolbizer, Ricardo López Murphy, Hilda González de Duhalde) e individuos despreciables del menemismo, como el ex ministro de Obras y Servicios Públicos, Roberto Dromi y el ex ministro de Trabajo, Armando Caro Figueroa. Por allí también deambulaban el rabino Sergio Bergman, el ex ministro delarruísta, Horacio Jaunarena y el ex gobernador de Córdoba, José Manuel de la Sota.

Bergoglio, cuyo afán por ser un protagonista de la política lo encubre detrás de su fachada de hombre calmo, tolerante, lejos de la crispación K es el mismo que recibió el 25 de mayo pasado, durante el TeDeum en la Catedral una carta de voceros de los genocidas para propiciar una amnistía para quienes hoy están siendo sometidos a juicio.

El cardenal tiene un estómago a toda prueba si uno observa quienes participaron del encuentro. Es evidente, a esta altura, que ese hombre de la Iglesia católica funciona como un claro opositor al gobierno y tal vez debería asumir ese rol abandonando los hábitos y proponiéndose para un cargo público. En cambio, opta operar en las sombras convocando a este tipo de reuniones donde se analizan documentos que supuestamente propician líneas de acción que deberían ser asumidas como política de Estado. Pero sigue callando sobre la situación del cura pedófilo Julio Grassi o el represor Cristian von Wernich. Ni un solo comentario se le escuchó sobre estos dos representantes de la Iglesia que él preside.

En cambio, utiliza esa jerarquía para reunirse con quienes, como fue el caso de Dromi, montaron la ingeniería durante la década del ´90 que permitió el desguace del Estado, el cierre de empresas, el incremento de la desocupación y un aumento de la pobreza y la indigencia. Allí estaba también Caro Figueroa quien, consecuente con ese diseño de país dependiente, promovió la legislación destinada a flexibilizar las condiciones de trabajo, eliminando, además, las negociaciones paritarias.

El amontonamiento que se advierte apenas uno lee quienes estuvieron en el encuentro nos dispensa de mayores comentarios sobre algunos dirigentes que dicen ser "progresistas" pero que no trepidan en concurrir a cualquier lugar que les permita aparecer en los grupos mediáticos concentrados. Su afán de protagonismo, de posicionarse de cara al 2011, los hace aparecer como simples peleles capaces de abrazarse con aquellos que provocaron tanto daño a la Nación.

El otro episodio lo protagonizó Mirtha Legrand en uno de sus almuerzos. Ante la atónita mirada del resto de los comensales admitió que, gracias a una gestión ante el ex ministro del Interior de la dictadura, el "general de la Nación" Albano Harguindeguy, logró que apareciera con vida una sobrina que estuvo desaparecida en 1977.

Agregó que el marido de María Fernández Suárez ( hija del hermano de la actriz), Julio Panebianco, militante de la JP no corrió la misma suerte. Fue asesinado por los represores. "Nunca más supimos de él, nunca", reconoció la "diva".
“Yo pedí ayuda a quien era interventor de Canal 13 en ese momento, y no me brindó ayuda por temor, porque todo el mundo tenía miedo de comprometerse”, dijo Legrand.
Recordemos que ese canal estaba entonces en manos de la Marina. Luego de realizar gestiones ante los genocidas, por ser "conocida y famosa" su sobrina recuperó la libertad y, sorprendentemente, dijo que "al muchacho (por Panebianco) lo torturaron muchísimo". Dos posibilidades: o estuvo en las sesiones de tortura o alguien le contó los padecimientos de ese militante.
Esta mujer es la misma que en 1978, durante el mundial de fútbol, acusaba a quienes ya informaban en el exterior de las atrocidades que cometía aquí la dictadura. Es decir, actuaba como vocera del régimen militar. Incluso dijo que había llorado por el triunfo argentino en ese certamen y que incluso había visto llorar al represor Jorge Videla. Una delicia.
Esta mujer es la misma que hace poco dijo que se vive ahora un clima de miedo, que la gente no puede hablar, que estamos todos intimidados por vaya a saber quien o quienes.
Realmente, la confesión de Legrand espanta por su enorme hipocresía. Sabía que le habían secuestrado a familiares pero no tuvo ningún empacho en actuar como cómplice de la dictadura durante los almuerzos, adhiriendo a las consignas que entonces se decían sobre que éramos "derechos y humanos".
Ambos episodios son concluyentes respecto de sobre que estamos hablando, que estamos discutiendo.
Hay dos modelos de país en pugna, uno de inclusión social, de plena vigencia de los derechos humanos, de una mejor distribución de la riqueza y otro que nos remite a un pasado ominoso, de "reconciliaciones" indeseables, de "consensos" que pretenden anular nuestra capacidad de lucha por una sociedad mejor.
En mi caso, estoy con el primer modelo y esto significa respaldar, sin renunciar a un pensamiento crítico, a este gobierno.

(*) Periodista. Integrante de Carta Abierta Junín

1 comentario:

leo dijo...

Lo grave esd que aun hoy la gente desconoce, o se olvida de las partcipación de la iglesia en 1955, y los brazaletes con los colores papales que usaban los comandos civiles tales como Grondona Alconada Aramburu etc etc.
Respecto a la mujer de los almuerzos, se cree tan impune que es capaz de decir esas barbaridades y pensar que somos tan tontos como para creerle. Es así mi amigo, llego la hora de cortar los hilos de las caretas y, que siga siga siga el baile
Antonio de Villa Celina