23/11/09

JUSTICIA. CON MAS JUSTICIA

Cada día asistimos sin remedio al machaque sistemático del poderío mediático que elige el repique del tambor con el que quiere que la multitud marche. Desde hace más de 15 días ese tamboril suena con sabor a “inseguridad”. Aparecen hordas de movileros apiñados frente a las víctimas o familiares de las mismas indagando sobre el estado de ánimo de las mismas. El efecto multiplicador de la “tele” y la repetición de las noticias entierran la verdad de las frías estadísticas que ubican a nuestro país por debajo de Colombia, Brasil, México y hasta Estados Unidos.
Los familiares de las víctimas reclaman, los medios ensalzan y así continúa.

¿Pero hay hechos delictivos en nuestro país? Si claro. Las estadísticas de la ONU indican que cada cien mil habitantes es del 5,4. El tema es Seguridad o Justicia.

¿Pero como debemos pararnos frente a los hechos delictivos y los reclamos de justicia? No podemos justificar siempre al delincuente entendiendo que la exclusión, que la droga, que la falta de contención familiar, que la falta de trabajo o expectativas de futuro lo llevan a delinquir y listo. Es verdad que las circunstancias llevaron a esa persona a cometer un delito, pero también es verdad que como tal debe ser castigado según la ley.
Es entendible que más de 30 años de injusticia social desemboque en lo que hoy vivimos. También es lógico que se plantee trabajar sobre las causas de la situación intentando corregir el problema desde la base y no con más y más fuerza represiva.
También es entendible la indignación de las víctimas que ven como el esfuerzo de muchos años de trabajo le es arrebatado por algún ladrón, o peor aún, que alguien le arranque la vida a otro. Es absolutamente legítimo el dolor y el reclamo de justicia. ¿Pero hasta donde?

Bueno, el límite es precisamente la justicia. Una cosa es reclamar el esclarecimiento de los hechos y que la justicia aplique la ley y otra es pedir pena de muerte, paredón, silla eléctrica, torturas y cualquiera de los tantos exabruptos que últimamente hemos escuchado en voz de personajes públicos. Allí también algún fiscal, de hecho, debería pedir explicaciones a esas personas, ya que hacen apología de otros delitos al promocionar supuestos castigos que no están dentro de la ley. Un familiar, en shokeado, es lógico que diga una barbaridad. Quizá más en frío reflexione y ya no piense igual. Lo imperdonable es que los medios publiquen y exhiban sin ponerse colorados hasta solicitudes de linchamiento popular.
Para no ubicarse ni tan a la izquierda y defender a los delincuentes (para eso está la justicia que contempla un abogado defensor) ni tan en la derecha que quiere vivir en un Country parquizado armonioso y perfecto matando a los delincuentes (Así aprenden!!!), hay que equilibrar con más justicia. Un delincuente que roba, mata o viola debe ir ante la justicia y cualquiera que haga apología del delito, o vomite pedido de castigos que son delitos de Lesa Humanidad también.

Días pasados tuve oportunidad de escuchar a Estela de Carlotto diciendo dos cosas muy oportunas sobre este particular. Primero se refería a las famosas marchas que organiza alguna ONG o ciudadanos “auto convocados” y promocionada por la prensa. Decía Estela “Nosotros hacíamos marchas para reclamar Justicia, porque en la Dictadura no había Justicia” Hoy hay justicia. No hay porque reclamarla. Hace unos días asesinaron a una arquitecta en Wilde. Durante tres días muchos conciudadanos de la profesional se hicieron presentes frente a la comisaría de la localidad a exigir justicia. A menos de 7 días de ocurrido el hecho, la policía apresó a los presuntos asesinos. Ahora la justicia llevará adelante los procesos naturales asegurándose de que los presuntos autores tengan sus garantías y que se haga justicia para la víctima y los familiares de la misma.

Otra cosa que dijo Estela de Carlotto fue muy sencilla: “Ningún chico nace malo”. Por esto de reclamar la baja en la edad para poder meterlos presos en las mismas condiciones que a los mayores. O por los reclamos más reaccionarios de pedir paredones o gatillo fácil o escuadrones de la muerte, que popularmente se expresa como “El que mata tiene que Morir” o “Hay que reprimir”.

5 comentarios:

Anónimo dijo...

IMPECABLE COMO SIEMPRE LOCO!
Me gustaría aregar que muchos de los que piden justicia desde los medios de comunicación, Tinelli, Susana Giménez y otros, han cometido delitos por los cuales jamás rindieron cuentas... comprar autos importaos esquivando los impuestos aduaneros es un delito, quedarse con el territorio ancestral de l@s herman@s Mapuces es (cuando menos) una inmoralidad que conlleva al delito.
Estos mismos que hoy reclaman justicia y gatillo fácil son los que vivieron los años 90s empapados en el néctar de los placeres terrenales, libando las secreciones internas del menemismo, y generando la destrucción del tejido social de toda la Argentina.
Yo quiero Justicia, así con mayúsculas... también los quiero presos a todos los runflas mafiosos que pueblan el universo farandulesco autóctono.
MARIO ALONSO - CHOS MALAL - NEUQUEN

Anónimo dijo...

Como siempre Loco.........IMPRESIONANTE!

Anónimo dijo...

LOS INDICES DE INSEGURIDAD TE LOS MANDA MORENO A VOS ROMAN?

Anónimo dijo...

Gustavo te digo que muchas veces te voy leyendo y es como si me fueras descubriendo el pensamiento. Es obvio que hay una pertenencia a la causa nacional y popular. Un fraternal Abrazo y gracias.
Osvaldo de Morón

Nelida Ortega dijo...

El trabajo con niños y niñas en situación de desamparo y exclusión social nos hizo asomar al infierno en que viven miles de niños y niñas, sin "lugar" en el sistema que los arrojó como residuos Humanos.El neoliberalismo logró casi exterminarlos: debe haber "justicia para ellos"; darles un "lugar".No se trata de justificar a los delincuentes por la pobreza; ya que sabemos que muchos de los que vendieron el país no era "pobres".Solo debemos lograr la "igualdad" de oportunidades para todos los niños. Mejorar los mecanismos de la Justicia para que cualquier delincuente:rico o pobre pueda recibir igual trato por la misma.